Posteado por: water we wait | 19 septiembre, 2011

Copacabana – Potosí, 778 km en 8 días.

A la orilla del Lago Titicaca, en Copacabanapasamos dos noches. Hay multitud de variedad de alojamientos y hoteles, barcos, restaurantes, puestos de artesanía. Y mucho “gringo”. La razón es que es punto de partida para visitar la isla del Sol, lugar sagrado de nacimiento de los primeros incas. Se dice que en esta isla, el Padre Sol mandó a sus primeros descendientes Manco Capac y Mama Ocllo Huaco a buscar un lugar adecuado para iniciar lo que hoy conocemos como el Imperio Inca.

la isla del sol...

“Nuestro Padre Sol” les dio una barra oro y les dijo que saliesen de las inmediaciones del lago y que en el primer lugar donde pudieran hundirla con facilidad, ése sería el bastión del Imperio Inca. Para ello, ambos hermanos hijos del Padre Sol, se dirigieron hacia el Norte, hasta que en el cerro Huanacauri la consiguieron hundir. Este lugar es el hoy  conocido como Machu Picchu, en Cusco.

Bueno, nosotros después de hacer la visita a la Isla del Sol, casi nos quedamos colgados allá. Resulta que los barcos que te llevan ya se habían ido de vuelta  y allí no había nadie.  Los indígenas de la zona, nos lo ponían feo para volver, pero en esto que de la nada, apareció un barco que se ofreció a llevarnos de vuelta a Copacabana… La isla, al menos la parte Sur, no nos resultó tan atractiva como esperábamos.

Al día siguiente, tras arreglar el cable de cambio de Idoia, salimos hacia La Paz, con la intención de hacer noche en algún pueblo de camino.  El trayecto es  sencillo. Una pequeña subida al salir de Copacabana, cogemos una panga para cruzar el lago en Tiquina y seguimos pedaleando. Las vistas de la Cordillera Real son muy bonitas y disfrutamos del trayecto.

En Huarina probamos suerte en un hostal, pero la mujer parece que no tiene ningún interés en que nos quedemos. Nos quiere cobrar 50B ( 5 Euros ) por dormir en el suelo y con la ducha caliente a parte de este precio. Además nos resulta como bastante maleducada. Tenemos que decir que estos primeros días en Bolivia, los indígenas nos están pareciendo bastante bordes y secos. Rozando la mala educación y el menosprecio.  A la mañana, una mujer en el mercado, cuando rehusamos a comprarle pan de molde por estar éste caducado, nos lo quería hacer comprar por haberlo tocado. Decía que lo habíamos roto.

En fin, con el sol ya escondido y con un frio que pela, continuamos hasta el siguiente pueblo, Batallas, desolado como el primero, pero donde conseguimos una habitación, sin baño y sin agua. Así están las cosas. Además abajo hay una fiesta de “matrimonios” y están todos embriagados bailando con la música. Eso sí, El plato de pasta que nos cocinamos en la mini habitación no tiene precio.

A la mañana siguiente tras corroborar con el panadero del pueblo que los habitantes de dicho pueblo se hacen llamar Batalleños, partimos hacia La Paz.

La Paz desde el Alto...

De nuevo, con los montes nevados a nuestra izquierda, llegamos a El Alto, pueblo “rebelde” anterior a la Paz, donde tras pasar el peaje, observamos la fascinante vista de la ciudad de La Paz, desde arriba en todo su esplendor. Va a ser complicado encontrar la casa de ciclistas allá abajo. Comenzamos el descenso de 12km y nos sumergimos en el corazón de la ciudad Paceña. Aquí pasaremos cuatro  noches.

La primera impresión de la casa de ciclistas no es del todo buena. Un poco dejada diríamos. No hay agua caliente, lo cual nos resulta como un duro golpe en el estómago, pues la echamos de menos. Y las camas, son realmente tres colchones en el suelo, y como da la casualidad que están ocupados, pues toca dormir a plena esterilla. Tras la primera noche, lo vemos de manera diferente y nos lo pasamos bien con los otros ciclistas de la casa.

Entre otras cosas, en La Paz, o subes o bajas. Todo está en cuesta. Para ir al mercado de artesanías y al centro, toca subir y subir.

calles de La Paz...

Hay bastante gente  y tráfico, sobre todo en las horas punta, pero no existe el caos que puede haber en cualquier ciudad de Perú. Nos parece una ciudad bonita, con sus rascacielos y sus buenas edificaciones. Además todo bastante limpio. Al Sol te sobra toda la ropa, sobre todo subiendo, pero a la sombra pillas un resfriado sin darte cuenta.

llamitas para el ritual de la Pachamama...

Los días pasan volando, con los paseos por la ciudad y las tertulias con los compas. Y llega la hora de partir, abatida en general, porque nos vamos nosotros, Juan y Alexandra (valenciano y alemana) y Paul, el lituano

Toca hacer de nuevo los 12 km de subida esta vez hasta El Alto  para coger la carretera dirección a Oruro. Para las 7:30am nos ponemos en marcha. La Paz nos deja muy buen sabor de boca.

En tres días llegamos a Oruro. El primer día toca sacar la tienda  para pasar la noche en el patio de un hotel-restaurante, que al parecer está ocupado por trabajadores de la carretera. Por fin una ducha caliente. 7B por persona. (0,7Euros). Estamos en Tholarcon Juan y Alexandra.

no hay muchos pueblos de camino...

La siguiente noche la pasamos en Caracollo, en un hostal, bastante básico, pero al menos bajo techo. Esta vez tampoco hay ni ducha ni agua caliente.

Hostal el Caracollo...

Para llegar a Oruro el paisaje se repite un poco. Todo es más o menos llano y con visibilidad a lo largo del horizonte. Algunas montañas aparecen en el horizonte, pero no  tiene nada que ver con la espectacularidad de Perú. Ahora estamos en pleno altiplano y todo es pampa y grandes rectas por recorrer. Casas de adobe, algunas sin techo, otras sin paredes o puertas aparecen al paso… Los pueblos parecen abandonados y no se ve a casi nadie por el camino. Bolivia nos parece muy deshabitada…Pensamos que toda la gente se aglomerará en las ciudades. El viento es constante todos los días y por las inmensas llanuras, observamos pequeños tornados que levantan polvo hasta el cielo. En Oruro pasamos 2 noches.

Yo, Idoia, aprovecho el día siguiente para ir a visitar las minas de Oruro junto a Juan y Alexandra. La verdad que no sabíamos que esperar de esta excursión pero estámos muy interesados.

preparados para entrar en la mina...

Tan pronto como llegamos nos vestimos de mineros con el traje típico y la linterna con su batería (bastante pesada por cierto). Una vez vestidos entramos en la mina junto al guía, un minero. Pronto nos damos cuenta que el ambiente está cargado y cuesta respirar. Además de eso hay que bajar por túneles e incluso arrastrarse en alguna ocasión para visitar las diferentes galerías. El guía nos cuenta que hace años el estado era quien gestionaba las minas pero hoy en día todo se administra mediante cooperativas. Esto ha hecho que las condiciones laborales empeoren de manera significativa. Por ejemplo: antes con la administración del estado, contaban con las carretas para transportar los minerales de abajo arriba, hoy en día son los mineros quienes cargan más de 40kg a sus espaldas y suben escaleras, arrastran la carga desde más de 300m de profundidad. Antes, gracias a los tubos de ventilación de aire, el aire que respiraban era más “limpio” hoy en día al no contar con la maquinaria necesaria esto ha empeorado muchísimo la calidad del aire y la esperanza de vida del minero ha descendido drásticamente desde los 56 años a los no más de 42!!

Visitamos al “Tio” el dios de los mineros. Como bien nos explicaba, el minero dentro de la mina solo cree en el Tio quien los protege de los peligros y les guía para conseguir mejores vetas (venas de minerales). Una vez llegamos a donde esta cumplimos con el ritual. Saludamos al tio y le damos alcohol 95%, un par de cigarros (que se los ponemos en la boca) y hoja de coca (para que le ayude dándole fuerza y quitándole el hambre).

el Tio de Oruro...

“Hola Tio, hemos venido a ver en que situación trabajan los mineros de la mina de Oruro. Esperamos que nos protejas y nos ayudes para salir afuera. Te hemos traído hojas de coca, cigarros y el alcohol”. Y tras darle de beber le damos un trago a este alcohol tan fuerte que nos quema la garganta. Nos despedimos del Tio y reemprendemos nuestro camino hacia el aire puro dejando atrás la claustrofobia. Ahora tenemos una visión más cercana de lo que supone trabajar en la mina, un trabajo realmente duro, sacrificado y sufrimos pensando como en cada bocanada de aire se les escapa parte de sus vidas.

acaba la jornada de trabajo...

El día a Challapata está marcado por el fuerte viento, a veces a favor y otras en contra, y por la amenaza de tormenta. Nubes negras acechan y nos caen las primeras gotas de lo que parece va a ser el diluvio universal. Y nos golpea la galerna y la lluvia…. Por suerte son sólo unos pocos km.

En Challapata, nos cuesta más de lo normal encontrar alojamiento. Entre los “acasitos” y “allasitos” de los locales para direccionarnos a los hostales, damos más vueltas que un tiovivo.

Ya en el residencial, la niña que nos recibe, siguiendo instrucciones de sus padres, nos dice que está lleno. Cualquiera diría que Challapata sea aquí un destino turístico… ¿Lleno? No se lo cree ni ella, pero  ya nos hace la jugada… ¿y ahora qué hacemos? Es casi de noche y la amenaza de lluvia o nieve es inminente.

debatiendo donde dormir...

Entre que Juan y Alexandra van al mercado a ultimar sus compras para el Salar de Uyuni, el padre, dueño del residencial, sale y nos ofrece dos habitaciones….Ahora por lo visto está vacío. Cuando entro a ojear las habitaciones atravieso por el patio la gran fiesta de cumpleaños que están llevando a cabo. La familia al completo, más que entonados, bailando con la música y armando jaleo. Por suerte, la chaparrada inunda el patio y da por terminada la cuasi-fiesta y nosotros damos al fin con un par de camas.

A la mañana siguiente nos despedimos con pena de Juan y Alexandra. Estos enfilan directamente el sur, con la finalidad de llegar al salar en un par de días.

camino a Potosi...

Probablemente mejor opción que la nuestra, ya que sin saberlo, para llegar a Potosí debemos atravesar la cordillera de los frailes y lo más cómico, para volver a Uyuni, la deberemos atravesar otra vez de vuelta.

Los casi 100 km que separan Challapata de Ventilla, los hacemos bien. Vemos muchas llamas y alpacas por el camino  y a pesar de ser casi de constante subida se nos hace ameno. Los 110 km del siguiente día a Potosí son ya otra cosa. Son picos constantes a más de 4300 mts y se nos hace eterno y tedioso.

nos cruzamos con varias llamas...

Más teniendo en cuenta que tendremos que hacer lo mismo para volver a Uyuni. En el camino decidimos que volveremos en bus a Uyuni.

La llegada a Potosí… si cabe la pendiente más dura. Unos 15 km  y más de 800 mts de desnivel, y ésto llevados encima más de 100 km. Además comienza la contaminación extrema de esta ciudad. Las bocanadas de humo no nos sientan nada bien. Las últimas rampas al centro son de más del 10% de desnivel y casi con la noche encima y con la moral bastante baja, decidimos quedarnos a la entrada de la ciudad, enfrente de la ex terminal de autobuses. La historia no acaba ahí, cuando queremos cocinar en el cuarto la pasta el hornillo no funciona….Vaya día!

En Potosí pasamos tres noches. Arreglamos el hornillo, hacemos la colada, compramos las provisiones para los siguientes 15 días, actualizamos el blog a toda pastilla y cómo no, visitamos las minas.

Las minas nos estremecen. (ver video1).

(ver video2).

 

estamos preparados para bajar a las minas!...

Nos sumergimos por una entradita en aquel inmenso “cerro Grande” y comenzamos a caminar por un suelo encharcado hacia las entrañas oscuras de la montaña. Caminamos durante un kilómetro y medio y perdemos la orientación. Vamos equipados con ropa especial, casco y linterna y siempre guiados por dos guías. La respiración se hace difícil por la falta de aire, por las motas de polvo y restos de minerales y en mi caso, por ir siempre agachado para adecuarme a los diferentes pasadizos. Bajamos por escaleras en agujeros imposibles, nos ponemos de cuclillas, nos arrastramos…

entrando a la galeria...

Nada apto para claustrofóbicos…  Pero este camino lo hacen los mineros todos los días y además, cargando a sus espaldas 50 kilos de piedras. ¿Cómo lo harán?…

Coincidimos con un grupo de mineros, entre ellos un niño de 10 años. La media de vida de un minero no supera los 50 años.

dentro de la mina...

Mastican coca con un producto que la activa y además sirve  de anestesia para disminuir la sensación de hambre. Tienen su Dios, su diablo más bien. Lo llaman El Tío. Uno no puede sino tener fe ciega en esta especie de momia humana con cuernos, para poder sobrevivir ahí, en la oscuridad, día tras día. Una vez por semana se reúnen con el Tío y le hacen ofrendas.

con el Tio en Potosi...

Cigarrillos, brindan y le rocían con alcohol. Todos sueñan con que el Tío les guíe hacia las betas de la riqueza. En breves subiremos unos videos para que os podáis hacer una ligera idea.

Los días de descanso la verdad,no paramos. Mañana cogeremos un bus para volver a Uyuni, 200 km, punto de partida del Salar. A partir de aquí nos toca hacer la parte más difícil pero más bonita de Bolivia. Estaremos unos 15 días bastante incomunicados. Hemos comprado comida para unas 2 semanas y agua para unos 4. El siguiente pueblo donde tendremos señales de vida será ya en Chile, en San Pedro de Atacama. Hasta entonces!


Responses

  1. Animo mutilak!!!!

  2. Hola. La barra que el Sol le dio a Manco Cápac y Mama Occlo no fue enterrada en Machupicchu, lo fue en lo que ahora es el Cusco…. Ese mito narra pues la migración de la etnia Inca desde la zona del Collao hacia el norte, en busca de un nuevo lugar donde vivir. Ellos se asentaron en el valle del Vilcanota (lo que ahora es toda la ciudad del Cusco). Machupicchu no era el centro del Imperio Incaico, lo era el Cusco, recuerden que Machupicchu fue construido muchos años después por Pachacútec…

  3. Ahora lo de decir “voy a la mina” cuando nos vamos a trabajar queda un poco ridículo despues de ver realmente cómo viven algunas personas…verdaderamente increíble.Muxuuuussss!!!!!!!!!!!!


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